
El valor de la mano de obra: el arte de Cappellini que nunca se industrializará
Cappellini nunca renunciará a la primacía del trabajo manual. Con raíces en Brianza, donde Enrico Cappellini abrió su taller en Carugo en 1946, la empresa se nutre de una cultura viva de la fabricación de muebles que se ha transmitido de artesano en artesano. Pensemos en el sillón Peacock, diseñado por Dror, que soporta el peso corporal únicamente con fieltro plisado: un logro alcanzado tras casi un año de trabajo de ingeniería y gracias a la destreza de manos expertas.
«Made in Italy», reinventado como método
Durante gran parte del siglo XX, «Made in Italy» era sinónimo de origen geográfico. Cappellini lo replanteó como un método, logrando un equilibrio entre la tradición, la calidad de las materias primas y la investigación tecnológica. La estantería «Cloud» de los hermanos Bouroullec refleja esta tendencia: nacida como poliestireno para una instalación, se transformó en plástico reciclado y se fabricó a gran escala mediante moldeo rotacional.

La atemporalidad que se puede medir: Los productos más vendidos de Cappellini
En pleno apogeo del maximalismo de los años 80, Cappellini hizo una apuesta discreta: La «Thinking Man’s Chair» de Jasper Morrison —desprovista de adornos, pero profundamente ingeniosa— pasó directamente a la fase de producción. Décadas más tarde, las piezas de aquella época forman parte de las colecciones de los museos y siguen figurando en el catálogo. Si pensamos en un horizonte de 20 años, tomemos como ejemplo la S-Chair de Tom Dixon: presentada en 1991, sigue fabricándose y forma parte de las colecciones del MoMA y la Triennale, sin ningún detalle propio de su época.

¿Cuál es el primer indicador de sostenibilidad? Longevidad.
Un artículo que dura toda la vida genera menos residuos que diez que no lo hacen. La longevidad es el primer indicador de sostenibilidad, seguido del origen de los materiales, la circularidad y la reducción de residuos. El diseño «Ludo» de Patricia Urquiola pone esto en práctica: un relleno de fibras recicladas y naturales, además de una estructura de tapizado desmontable (entre las opciones se incluyen el nailon reutilizado y el Oceanic/Camira, fabricado a partir de residuos marinos). Cambiar una funda en lugar de desechar una silla alarga su vida útil de una forma que el simple uso de materiales no puede lograr por sí solo. Esta filosofía se traduce en una segunda vía de vida útil: diseñar cubiertas y piezas de recambio; certificar a socios de restauración a nivel mundial; y volver a introducir piezas reacondicionadas.

Cuando lo doméstico se une a lo profesional, la «contaminación» se convierte en una ventaja
El proyecto «Residential-Contract» es el encargo más interesante de la década. Cappellini se niega a separar la estética y el rendimiento en dos categorías distintas; cada nuevo diseño debe cumplir con los requisitos de calidad exigidos y seguir transmitiendo el inconfundible estilo de Cappellini, o de lo contrario vuelve a la mesa de diseño. Gracias a la versatilidad de sus acabados y a la personalización orientada al cliente, la marca considera que la «fusión» entre mundos es uno de sus puntos fuertes. Como parte del grupo Haworth, Cappellini combina esa autoridad en materia de diseño con una red global de contratos para ofrecer soluciones a gran escala.